Ante los efectos nocivos en el desarrollo de niños y adolescentes que tiene el uso excesivo de teléfonos celulares y de las redes sociales, es necesario una discusión pública sobre las acciones pertinentes para un problema que, por las dimensiones de la población estudiantil afectada, puede considerarse como un asunto de salud pública, sostuvo la presidenta Claudia Sheinbaum. La adicción al uso de estas tecnologías tiene un impacto en las nuevas generaciones y, por tanto incide a futuro en el desarrollo del país.
La mandataria aseveró que el gobierno podría determinar la prohibición del uso de celulares en las escuelas, pero se trata que los sectores involucrados –especialmente los padres de familia y los propios estudiantes– se concienticen del impacto que tiene el abuso de la tecnología.
“No sólo es un asunto de prohibir, sino de que una mamá sepa que, si a los 5 años le das el celular a tu bebé para que no esté quitando la atención a ti, puede tener efectos muy graves sobre todo, si son muchas horas. O decirle a papás y a los adolescentes: ‘estar scrolleando todo el día, 5 horas, 6 horas, puede tener efectos en el crecimiento o en la maduración de tu cerebro, y después provocarte ansiedad, depresión, problemas, incluso problemas cognitivos’. Si todo esto no lo socializamos, solamente queda en una situación del gobierno de prohibir”.
La especialista en orientación sicológica y prevención de adicciones, Tania Jiménez, afirmó que las nuevas generaciones perderán 20 años de su vida en redes sociales, partiendo del cálculo de lo que actualmente destinan de tiempo promedio que ocupan en ellas.
Jiménez subrayó que este consumo problemático de la tecnología provoca, como cualquier adicción, una necesidad emocional.
“La adicción cumple una función, un alivio, un escape, un pertenecer, un calmar. No nada más es enfocarnos en quitar un dispositivo o en esta regulación, sino es voltear a ver a la persona. Y no solamente ver la conducta, sino preguntarnos el porqué de esa conducta para también llegar a la raíz”
Por su parte, Lucía Magis-Weinberg, doctora en neurodesarrollo e investigadora de la Universidad de Washington, afirmó que un uso constante de plataformas refuerza conductas automáticas, hábitos poco saludables que se pueden convertir en adicción y nos lleva a este nuevo concepto del estrés digital.
“Sabemos que un uso constante de tecnología hace una erosión de nuestra atención. Normalmente, hace 20 años podíamos pasar 2 minutos y medio frente a una pantalla haciendo una tarea; ahora, pasamos 47 segundos antes de distraernos”.