En medio de las tensiones con Estados Unidos, la presidenta Claudia Sheinbaum lanzó una encendida arenga nacionalista: “siempre tengo presente en los momentos difíciles de nuestra historia a los grandes héroes y heroínas. Cada embate, cada herida, ha fortalecido el espíritu de este pueblo”. Nada puede estar por encima de la soberanía y de los intereses del pueblo de México y “ninguna potencia extranjera nos va a decir a los mexicanos cómo nos gobernamos”.
Como preámbulo a la parada militar y posterior desfile de las escuelas poblanas dentro de la conmemoración de la Batalla del 5 de Mayo, condenó al añejo conservadurismo, desde quienes fueron a traer a Maximiliano, los que defienden la injerencia extranjera en la actualidad o los que aplauden cuando las televisoras extranjeras hablan mal de México. Y advirtió: “quienes buscan el apoyo en el extranjero por no contar con el apoyo popular están destinados a la derrota (…) quienes piensan que la Presidenta se arrodilla están destinados a la derrota”. Descalificación del conservadurismo que rubricó apelando a la máxima juarista: “el triunfo de la reacción es moralmente imposible”.
Acto seguido, continuó con una proclama nacionalista aludiendo expresamente “a nuestros vecinos”, a quienes recordó la histórica relación entre Benito Juárez y Abraham Lincoln, el vínculo histórico más importante y uno de los episodios más loables de la relación bilateral. No obstante, cerró la frase con una advertencia: “a cualquier gobierno extranjero somos claros y contundentes, la historia nos dice que el pueblo de México no se equivoca cuando se trata de defender la soberanía nacional. Los mexicanos aprendimos bien la lección que nos dejaron los liberales”.