Delicias, Chih.- Lo que comenzó como un día marcado por el estruendo de un disparo en el Banco del Bienestar, terminó por destapar un foco rojo aún más grave: un centro de rehabilitación convertido, presuntamente, en un espacio de abuso, descontrol y encubrimiento.
La tarde de este viernes, al menos 20 internos escaparon del llamado “anexo” ubicado al sur-oriente de la ciudad, en una fuga que, más que improvisada, parece haber sido detonada por el caos y la tensión generados horas antes tras el incidente armado en la institución bancaria.
Vecinos no dudan en señalar que lo ocurrido era una bomba de tiempo.
Relatan gritos constantes desde el interior, súplicas de auxilio y denuncias de maltrato que, aseguran, eran ignoradas.
A esto se suma un penetrante olor a marihuana que —según testimonios— era ya parte del ambiente cotidiano en el lugar.
La escena tras la fuga fue de tensión total: patrullas cerrando calles, elementos municipales desplegados, Protección Civil ingresando al inmueble y mandos policiacos tomando control de la situación.
El centro fue prácticamente “reventado” por las autoridades en busca de esclarecer lo ocurrido y ubicar a los evadidos.
Pero el dato que más inquieta es otro: de manera extraoficial, el encargado del anexo estaría vinculado con el hecho violento ocurrido en el Banco del Bienestar, lo que abre una línea de investigación que podría revelar una red de irregularidades mucho más profunda de lo que aparenta.
Hasta el cierre de esta edición, no hay reporte oficial sobre cuántos internos han sido recapturados.
Lo que sí es claro es que el caso ya dejó de ser una simple fuga: hoy exhibe posibles delitos, omisiones y una peligrosa falta de control en espacios que, en teoría, deberían ser de rehabilitación.
La pregunta queda en el aire: ¿cuántos centros más operan bajo estas mismas condiciones sin que nadie intervenga?