Existe una posibilidad –remota, pero no descartable– de que el universo en el que vivimos no sea del todo estable. Que lo que percibimos como el vacío del espacio no sea el estado más bajo de energía posible, sino apenas una especie de calma provisional, un equilibrio que, en teoría, podría romperse en cualquier momento.
Si eso ocurriera, se formaría una burbuja de “vacío verdadero” en un estado de menor energía que se expandiría hacia el exterior a una velocidad cercana a la de la luz, transformando el estado fundamental del espacio en las regiones que alcanzara. Sin previo aviso. Sin posibilidad de escapar.
Este escenario tiene nombre: desintegración del vacío falso. Y un equipo de físicos chinos acaba de simularlo en el laboratorio.
El vacío cuántico no es el vacío que imaginamos
Para entender qué está en juego, hay que partir de una idea poco intuitiva: el vacío del espacio no es realmente la ausencia de todo.
En el marco de la teoría cuántica de campos –el modelo más preciso que tenemos para describir la física a escalas microscópicas, al menos en ausencia de efectos gravitatorios–, el vacío corresponde a la configuración de menor energía en la que puede encontrarse un campo cuántico.
Sin embargo, esa configuración no tiene por qué ser la más estable posible: puede haber estados aún más bajos, separados por barreras energéticas, lo que abre la posibilidad de que el universo se encuentre en una situación solo aparentemente estable.
En otras palabras, si el paisaje energético del campo tiene varios mínimos locales, algunos de esos “suelos” podrían no ser el suelo definitivo. Como señala Phys.org, podríamos estar viviendo en un valle cómodo sin saber que hay otro valle más profundo justo al otro lado de una montaña.