Por el Escribiente:
Una confusión armada dejó un herido y desató polémica en el norte de la ciudad
Pero lo ocurrido la tarde del martes en el norte de Chihuahua no es un hecho aislado. Es un síntoma.
Un ataque armado deja a un hombre herido. Casi al mismo tiempo, calles más adelante otro grupo es rafagueado. Hasta ahí, lamentablemente, podría parecer parte de la violencia que golpea a la ciudad. Pero no. Aquí hay algo más delicado… más peligroso.
Los que disparaban no iban encapuchados en la oscuridad. Iban en un vehículo particular. Un Marquis gris. Sin insignias. Sin identificación visible.
Y lo más grave: todo apunta a que podrían ser policías municipales.
Elementos del llamado Equipo de Proyectos Especiales (EPE), según versiones extraoficiales. ¿Policías encubiertos? ¿O policías fuera de control?
Porque la pregunta no es menor:
¿Desde cuándo los agentes patrullan en carros particulares y abren fuego en plena vía pública?
Pero el tema no termina ahí.
Testimonios señalan que, al llegar agentes ministeriales de la Fiscalía General del Estado al lugar, los propios policías municipales habrían indicado que ellos se harían cargo de las investigaciones.
¿Perdón?
¿En qué momento una corporación involucrada en un hecho armado decide también investigar lo ocurrido?
Eso no solo rompe protocolos básicos. Rompe la confianza.
Porque si quienes disparan son los mismos que investigan… entonces, ¿quién garantiza la verdad?
El silencio de la Dirección de Seguridad Pública Municipal solo agrava el escenario. No hay postura. No hay explicación. No hay claridad.
Y mientras tanto, la ciudadanía queda en medio de una realidad inquietante:
ya no se sabe quién es quién.
Cuando la autoridad se mimetiza, cuando actúa sin identificarse, cuando decide operar en la sombra… deja de ser certeza y se convierte en riesgo.
Porque en Chihuahua hoy no solo preocupa la violencia.
Preocupa que venga —presuntamente— de quien debería combatirla