“El niño no lo merecía”, fue lo que dijo el propio agresor, Abraham Alejandro F. D., padrastro de Jasiel Giovanny, de apenas ocho años. Confesó ante la Fiscalía haber cometido el crimen que estremeció al sur de la ciudad en julio de 2025.
Hoy, con los hechos sobre la mesa, el caso se encamina a un juicio abreviado programado para el próximo 20 de abril.
Pero la historia, lejos de cerrarse, apenas revela su dimensión más brutal.
Todo comenzó con una llamada al 911. El propio padrastro reportó que el niño “había salido a jugar y no regresó”. Horas después, la madre formalizó la denuncia. La maquinaria institucional se activó: policías, DIF, Comisión de Búsqueda. Pero algo no cuadraba.
“Cuando un niño tan pequeño no aparece en las primeras horas, es mala señal”, reconoció la coordinadora de Homicidios, Adriana Villalba Tarango, en una entrevista que publica hoy El Diario en su primera plana.
La sospecha crecía mientras la búsqueda se extendía bajo lluvia, lodo y terreno prácticamente intransitable. El cuerpo de Jasiel no estaba lejos.Estaba oculto.
Envuelto en una bolsa negra, en una zona donde el terreno húmedo impedía incluso caminar. Ni patrullas ni brigadas a pie habían logrado llegar hasta ahí. Fue necesaria la intervención de voluntarios con cuatrimotos para ingresar. “Había tanto lodo que te hundías. Nadie podía acceder”, relató la funcionaria.
El hallazgo ocurrió el 3 de julio, minutos antes de las dos de la tarde. La búsqueda había terminado, pero la tragedia apenas comenzaba.
Desde el inicio, la narrativa del padrastro se vino abajo. No había rastro de que el menor hubiera salido a jugar.
No había indicios de un tercero. Pero sí había un detalle clave: lodo en los zapatos del propio reportante.
Ese elemento, junto con testimonios y peritajes, permitió obtener una orden de aprehensión en menos de 24 horas. Primero fue detenido por omisión de cuidados. Después, la acusación escaló a lo que hoy enfrenta: homicidio agravado, violación y violencia familiar.
Ante la Fiscalía, Abraham Alejandro aceptó su responsabilidad. Sin embargo, la autoridad subraya que la confesión no basta. “Todo lo que declaró debe investigarse y comprobarse”, advirtió Villalba Tarango.
Para que proceda el juicio abreviado, el imputado deberá aceptar plenamente los tres delitos. De hacerlo, será sentenciado el mismo día de la audiencia. Además, tendrá que cubrir más de 1.4 millones de pesos por reparación del daño y gastos funerarios.
La necropsia confirmó lo que nadie quería escuchar: Jasiel murió por insuficiencia respiratoria derivada de múltiples heridas con arma blanca. Pero más allá de la causa legal, el caso deja una herida social difícil de cerrar.
“Es un niño… alguien que no se pudo defender”, expresó la coordinadora, visiblemente afectada.
La violencia no vino de la calle, no vino de un desconocido, sino de casa. De su propia casa.
El crimen no solo conmocionó por su brutalidad, sino por su cercanía. Por la traición cometida contra un ser indefenso.Por la facilidad con la que un menor fue tratado “como si fuera desechable”.
En audiencias, incluso personal de Fiscalía no pudo evitar el impacto al escuchar la descripción pericial de los hechos. “Te genera impotencia… no entiendes cómo alguien puede hacerle esto a un niño”, dijo Villalba.
El 20 de abril será un punto clave. Si el acusado sostiene su confesión, el caso no llegará a juicio oral: habrá sentencia inmediata mediante procedimiento abreviado. Si no, Chihuahua volverá a revivir, en tribunales, uno de los crímenes más dolorosos de los últimos años.
Más allá del proceso judicial, hay una interrogante que no se resuelve con condenas: ¿Cómo falla todo alrededor de un niño para que termine así? Porque en medio de peritajes, declaraciones y cifras, hay algo que ni la ley alcanza a reparar: la vida que no fue.
Confiesa padrastro asesinato de Jasiel, el caso que sacudió a Chihuahua–Acepta responsabilidad por homicidio, abuso y violencia; irá a juicio abreviado el 20 de abril