DEL MANDO AL HOSTIGAMIENTO: DENUNCIAN CAOS Y PRESIONES EN INTELIGENCIA

Por El Escribiente / Acción en la Noticia

Lo que debería ser una estructura dedicada a la inteligencia y a los grupos especializados estaría convertido, según denuncias internas de elementos policiacos, en un auténtico campo de batalla donde el mando, las presiones y los cambios de personal han generado inconformidad entre quienes integran distintas unidades de la Dirección de Seguridad Pública Municipal.

Los señalamientos apuntan directamente contra la Policía Tercero Marisol Chávez Domínguez, señalada por elementos de la corporación como coordinadora de Grupos Especializados.

De acuerdo con las quejas recibidas, agentes aseguran que durante su gestión se han presentado presuntos actos de hostigamiento laboral, cargas excesivas de trabajo, decisiones personales y movimientos de elementos con experiencia, situación que —afirman— estaría provocando fracturas dentro de varios grupos.

Uno de los casos señalados corresponde a la Unidad de Atención a Pandillas, cuyos integrantes habrían sido sometidos a jornadas superiores a las 12 horas, según los denunciantes. La presión habría llegado al punto de que su entonces jefe de grupo, el Policía Gilberto Morales, terminó por renunciar a la Dirección de Seguridad Pública Municipal.

Tras las inconformidades, la unidad habría quedado bajo la coordinación del Policía Primero Orlando Osornio Pavón, quien, de acuerdo con los propios elementos, estaría recibiendo la encomienda de recomponer los problemas generados.

Pero la lista de inconformidades no termina ahí.

En la Unidad de Delitos contra Animales, elementos denuncian presuntas cargas excesivas de trabajo y hostigamiento. El propio líder y creador del grupo, Policía Tercero Brayan Pérez Campos, habría presentado una queja formal contra la coordinadora.

La consecuencia, según los denunciantes, fue otro movimiento: la unidad pasó también bajo la coordinación del Policía Primero Orlando Osornio Pavón.

Otro caso señalado es el de la Policía Tercero Alejandra Camarena, adscrita a la Unidad de Investigación de Delitos de Género, quien presuntamente buscó apoyo ante mandos superiores después de las diferencias y el supuesto hostigamiento. Posteriormente, según la denuncia, habría sido retirada del grupo y enviada fuera de la Subdirección de Inteligencia.

También aparece el nombre del Policía Segundo Ramón Ríos González, adscrito a la Unidad de Atención a la Violencia Intrafamiliar.

Los denunciantes aseguran que habría sido objeto de presuntas acciones de hostigamiento por motivos personales y que, después de presentar una queja formal, fue retirado de una función de encargado y enviado como elemento operativo, pese a contar —según sus compañeros— con mayor grado y experiencia.

Y en esta cadena de movimientos aparece otro nombre: el Policía Primero Josué Burciaga, a quien, según las acusaciones, le fue retirada una responsabilidad para ser enviado a la Subdirección de Despliegue.

Sus compañeros sostienen que cuenta con el grado y experiencia necesarios para desempeñar funciones de coordinación y recuerdan que habría sido impulsor del sistema para menores infractores, propuesta que, aseguran, llegó hasta Cabildo y fue avalada por el Consejo.

……LOS DRONES TAMBIÉN ENTRAN EN LA POLÉMICA

La Unidad de Operaciones Aéreas tampoco estaría fuera de esta tormenta.

Elementos identificados como el Policía Tercero Antonio Hernández, el Policía Julio Herrera y el piloto Saulo Rodríguez habrían sido retirados de su grupo después de obtener licencias federales como pilotos de drones.

Los denunciantes califican estos movimientos como injustificados y aseguran que previamente existió un proceso de presunto hostigamiento laboral.

Entre los policías inconformes circula además la preocupación por el supuesto ambiente de temor que se habría instalado dentro de la coordinación.

Algunos elementos afirman que existe miedo a contradecir a la coordinadora por las posibles consecuencias laborales que podrían enfrentar.

Incluso señalan publicaciones en estados de WhatsApp que, interpretadas por los propios agentes, serían mensajes intimidatorios o alusivos a las consecuencias de enfrentarse con ella.

Aquí surge una de las principales preguntas que los propios policías están poniendo sobre la mesa:

¿Se trata simplemente de una reestructuración operativa o existe una persecución contra elementos que cuentan con mayor experiencia dentro de las unidades especializadas?

Los denunciantes consideran sospechoso que varios de los agentes removidos sean precisamente policías con trayectoria y experiencia, mientras que, aseguran, algunos espacios estarían siendo ocupados por personas cercanas al círculo de la coordinadora.

Todo esto coloca nuevamente los reflectores sobre la Subdirección de Inteligencia y sobre una coordinación que, lejos de transmitir disciplina y unidad, estaría acumulando quejas, movimientos, renuncias e inconformidades.

¿Quién está supervisando a los mandos que supervisan a los policías?

Porque cuando quienes deberían combatir el delito comienzan a denunciar presiones, hostigamiento y decisiones personales desde dentro de la propia corporación, el problema deja de ser un simple pleito laboral y se convierte en un asunto que merece ser revisado por los superiores.

En una corporación policial, el uniforme puede imponer respeto; el abuso del mando, en cambio, termina destruyendo la confianza.

Los señalamientos aquí expuestos corresponden a denuncias y testimonios atribuidos a elementos de la corporación. Corresponde a las autoridades competentes investigar y determinar responsabilidades.

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