Una financiera que mantiene con la bota en el cuello a los trabajadores y una empresa funeraria que vende paquetes gremiales aparecen como las patrocinadoras de la campaña con la que se reeligió Sofía Calzadillas como dirigente del Sindicato de Trabajadores del Instituto Chihuahuense de la Salud.
Tras la elección del pasado 31 de julio, en la que se alzó con el triunfo la planilla de Calzadillas y Óscar Felipe Vázquez, no han cesado las quejas por acciones indebidas contra los más de tres mil empleados sindicalizados, quienes deberán aguantar una dirigencia hasta 2030.
El grupo dominante dejó en el camino de las urnas a la planilla naranja, integrada por Edgar Nevárez Martínez y María Martina Piñera; a la turquesa de Magda Flores Hernández y Mariel Salgueiro Payán; y a la amarilla, encabezada Ever Osorio Gastélum y Rocío Núñez Castellanos.
El problema fueron las acciones previas: amenazas directas y veladas de pérdidas de beneficios, derechos o privilegios ganados, si no quedaba en la dirigencia el mismo grupo, que debe tener muchos intereses en esa financiera que da préstamos a empleados del gobierno y esa funeraria que paga buenas comisiones por la venta a fuerzas de paquetes mortuorios para trabajadores y sus familiares.
Pero ahora la bronca actual son los reclamos contra una elección amañada y los indebidos privilegios que, como dirigente sindical eterna, ha logrado Calzadillas, como plazas de jefes de división para sus hijos, con suelditos que rebasan los 25 mil pesos quincenales, los más altos en el gremio de los trabajadores de la salud sindicalizados.
Por si fuera poco, los trabajadores del Ichisal reclaman que los mismos estatus de su sindicato prohíben de forma expresa la reelección de los cargos de secretario general, presidente de Vigilancia, delegado y subdelegado sindical, pero tal vez Calzadillas y su camarilla decidieron, al estilo de la película “La Ley de Herodes”, arrancarle esa hojita a su reglamento interno.
A ver en qué termina ese escándalo, otra joyita del insuperable charrismo sindical.