Crónica | Zuany Pasteur
Hay viajes que comienzan mucho antes de subir a un avión. Comienzan cuando aparece una oportunidad capaz de cambiar el rumbo y convertir un sueño en una experiencia que, al regresar, termina transformándose en arte.
Así comenzó mi viaje a Buenos Aires, Argentina.
Una beca, con el apoyo del Gobierno Municipal de Chihuahua a través del Instituto de Cultura Municipal, me permitió realizar durante un mes una estancia de formación artística en una ciudad donde el tango no es solamente un baile: es identidad, pasión, memoria y una manera de vivir.
Llegar a Buenos Aires fue entrar en una ciudad que parecía tener música propia. Sus calles, sus edificios antiguos, sus cafés, sus plazas y el movimiento constante de sus habitantes creaban una atmósfera difícil de explicar.
Pero yo iba detrás de un sonido.
Iba detrás del tango.
Ese tango que los argentinos sienten tan suyo como el fútbol y que, generación tras generación, continúa contando historias sin necesidad de pronunciar una sola palabra.
Durante ese mes me sumergí por completo en su aprendizaje. Clase tras clase descubrí que el tango es mucho más que una serie de pasos.
Es escuchar con el cuerpo.
Es aprender a esperar, avanzar, detenerse, proponer y responder. Es confiar en quien está frente a ti y aprender a sentir la música de una manera completamente diferente.
Cada clase fue un reto. Cada error, una lección. Y cada avance, una pequeña victoria.
Pero si las clases me enseñaron la técnica, fueron las milongas las que me mostraron el verdadero corazón del tango.
Ahí pude observar distintas generaciones, estilos diferentes y formas únicas de interpretar una misma melodía. Fue en esos espacios donde entendí que una cosa es aprender tango y otra muy distinta es vivir el tango.
Buenos Aires también me enseñó fuera de los salones.
Me enseñó caminando por sus barrios, observando a su gente, escuchando historias y conviviendo con personas vinculadas al tango.
Entonces comprendí que la formación artística no siempre ocurre frente a un maestro.
A veces ocurre en una calle desconocida, en una plaza, en una conversación, en una milonga o simplemente cuando uno se sienta a observar y se permite descubrir una cultura diferente.
Regresé a Chihuahua con el tango en los pies, pero también con una convicción mucho más profunda: los sueños necesitan oportunidades para convertirse en realidad.
Y aquella beca fue precisamente eso.
Una oportunidad para cruzar una frontera, conocer otra cultura, enfrentar nuevos retos y regresar con una experiencia que ahora quiero compartir con Chihuahua.
Porque no quería que aquella historia terminara cuando el avión aterrizara.
Quería traer un pedazo de Buenos Aires conmigo.
Y ese pedazo llega ahora convertido en espectáculo.
Presento “Cumparsa en el Desierto: Introduciendo la esencia del tango de Buenos Aires a Chihuahua”, una propuesta para acercar al público chihuahuense a la esencia del tango que se vive en Buenos Aires, pero sin necesidad de cruzar el continente.
Esta vez, Buenos Aires viene a Chihuahua.
La cita es este viernes 21 de agosto, a las 7:00 de la noche, en el Teatro de Cámara.
Será una noche para dejarse atrapar por la música, el movimiento, la fuerza del abrazo y esa nostalgia que solamente el tango sabe convertir en arte.
Porque después de haberlo vivido allá, ahora toca compartirlo aquí.
El tango cruzó la frontera.
Y en medio del desierto chihuahuense está listo para comenzar una nueva historia.