Chihuahua: del Mundial a la pesadilla**Morena pisa el acelerador… y el PAN sigue en primera**El mensaje de Maru que encendió las alarmas**Puñaladas y balazos en casa de los morenos*

Por el Escribiente:

Lo que arrancó como una fiesta terminó convertido en un susto monumental. Miles salieron a celebrar, la glorieta de Pancho Villa se llenó de camisetas, banderas, cerveza y euforia. Todo era alegría… hasta que apareció la tragedia rondando.
Bastaron unos segundos para que los gritos de festejo se transformaran en gritos de desesperación.
Una pickup, conducida por Óscar C.E., aceleró en medio del caos y dejó personas lesionadas. El video es estremecedor. Por fortuna, la historia no terminó en una desgracia mayor.
Ahora será tarea de las autoridades deslindar responsabilidades. Habrá quienes señalen al conductor por manejar ebrio, quienes culpen a los aficionados por subirse y zarandear el vehículo, y quienes pregunten dónde estaban los operativos preventivos.
Pero el problema es más grande. Porque Chihuahua descubrió que sí sabe celebrar, pero también que una multitud desbordada, mezclada con alcohol, exceso y falta de previsión, puede convertir una noche de júbilo en una pesadilla.
La pregunta es inevitable: ¿está preparada la ciudad para concentraciones masivas o simplemente seguimos confiando en que “no pasa nada”?
Mañana miércoles la Selección de México juega contra la República Checa y, en la eventualidad de un triunfo, veremos si ahora reaccionan las autoridades, que el jueves pasado, cuando fue el juego contra Corea del Sur que aquí se salió de control, se quedaron dormidas.
En tanto, Óscar C.E está libre bajo fianza, sujeto a un proceso penal que tiene la parte crítica en una joven que se debate entre la vida y la muerte debido al atropello.
Un gol se festeja, pero una tragedia, jamás; aquí la justicia debe brillar en el caso específico y la prevención debe lucir, ahora sí, como no lo hizo en los festejos pasados.
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La carrera por Palacio de Gobierno ya comenzó, aunque algunos todavía quieran fingir que no.
Cruz Pérez Cuéllar se bajó de la Presidencia Municipal. Andrea Chávez había dado el paso desde hace semanas. Los dos punteros de Morena ya están metidos de lleno en una competencia que oficialmente no es campaña, pero que huele, sabe y se mueve exactamente como una campaña.
En la esquina guinda se adelantaron los tiempos. Hoy van al registro durante este día en el World Trade Center de la Ciudad de México, donde les darán otro banderazo de salida.
En la esquina azul, en cambio, prevalece la calma. Marco Bonilla decidió no moverse todavía. Esperará las reglas y los tiempos del PAN. Traducción: mientras Morena salió disparado, los panistas siguen calentando en la banca.
Sin embargo, los riesgos son distintos. La verdadera amenaza para Morena está dentro de Morena.
Porque la unidad es muy bonita en los discursos, pero las guerras internas de la 4T son legendarias. Y mientras más se acerque la decisión, más cuchillos comenzarán a afilarse.
Del lado del PAN la película es distinta. Marco Bonilla ya no tiene rivales capaces de hacerle sombra. Gilberto Loya, Daniela Álvarez, Jesús Valenciano y el resto de los nombres que sonaban hace unos meses hoy lucen muy lejos del alcalde capitalino.
Las encuestas internas lo colocan como favorito indiscutible y eso ha servido para apagar rebeliones.
Pero no todo es armonía. Hay molestia entre panistas tradicionales por la creciente influencia del grupo priista que rodea al secretario de Gobierno, Santiago de la Peña, mientras cuadros de cepa azul observan desde la banca.
Por lo pronto, Morena corre a toda velocidad; el PAN, en cambio, parece convencido de que todavía hay tiempo. Veremos quién llega más entero a la línea de salida.
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No fue un boletín cualquiera ni una declaración de rutina el mensaje que lanzó Maru Campos el domingo pasado. Sonó más a advertencia que a simple posicionamiento.
Aunque habló de soberanía y rechazó cualquier intervención militar estadounidense, los destinatarios de sus palabras no parecían estar en Washington sino en Palacio Nacional.
La gobernadora volteó el discurso oficial de cabeza. Mientras Morena llama a cerrar filas frente al vecino del norte, Maru lanzó una tesis explosiva: el verdadero problema no viene de afuera, sino de adentro. Y remató con una frase que seguramente todavía retumba en los oídos de la 4T: “El auténtico entreguismo es darle el control político al narco”.
Fue un misil político, una acusación directa, para exigir que México, la 4T, entregue a Estados Unidos al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya.
Y un mensaje que, leído entre líneas, parece anticipar que algo más viene en la relación entre México y Estados Unidos. Porque nadie lanza una declaración de ese tamaño por casualidad.
Algo vio, algo percibe, algo intuye… O algo sabe que va a ocurrir en esa tensa, tirante relación entre los dos países, que tiene hoy por hoy su epicentro en Chihuahua.
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En Morena no necesitan enemigos, a veces les bastan los compañeros.
Ya cayó una denuncia interna contra los militantes que participaron en las protestas contra Cruz Pérez Cuéllar afuera del Congreso del Estado la semana pasada, cuando el alcalde -hoy con licencia, entonces todavía en funciones- acudió a comparecer ante la Junta de Coordinación Política.
El dato tiene veneno que nos comparten a Acción en la Noticia tiene veneno, porque mientras los panistas desplegaban mantas y críticas contra Cruz, hubo morenistas que se sumaron al golpeteo, haciéndoles el calgo gordo a sus rivales.
Sí, morenistas pegándole a otro morenista, quién lo iba a pensar.
La queja presentada ante los órganos internos del partido es una bomba de más de 60 páginas y señala a varios personajes identificados con el grupo de Juan Carlos Loera.
El denunciante es un seccional morenista de la capital, Pablo Candelario Ramírez Sánchez; los acusados: Martha Serrano y Ana Luisa Rojas Carrasco, además de Catalina Castillo Castañeda, Eva América Mayagoitia Padilla y Félix Manuel Lazos Ibarra, todos militantes y al menos tres identificados como colaboradores del senador Loera.
La acusación es delicada: hostigamiento, calumnias, agresiones, violaciones a estatutos. Y, sobre todo, haberle hecho el trabajo sucio al PAN.
Así, en medio de la guerra por la candidatura ya comenzaron también los disparos. Pero los primeros balazos no llegaron desde enfrente, sino de la propia trinchera morenista.
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