EL JEFE QUE INCOMODA A LAS NUEVAS

Por los pasillos de la corporación ya corre una versión que incomoda a más de uno. Varias voces internas estarían señalando a un jefe de turno identificado como Xamir Obed Jaydar Márquez, a quien atribuyen presuntas conductas de hostigamiento mediante llamadas y mensajes hacia compañeras de nuevo ingreso.

Lo delicado del asunto es que, de acuerdo con los señalamientos que han llegado a esta columna, el nombre del jefe de turno ya habría aparecido anteriormente en quejas relacionadas con presunto acoso, incluso ante instancias como Derechos Humanos y Control Interno.

Y aquí surge la pregunta que comienza a retumbar entre los propios elementos: si ya existían antecedentes o señalamientos, ¿por qué continúa ocupando una posición de mando?

Las denunciantes aseguran que algunas compañeras prefieren guardar silencio. La razón, según las versiones internas, sería el temor a posibles represalias, a perder oportunidades dentro de la corporación o a enfrentarse directamente con quien tiene autoridad sobre ellas.

También han surgido señalamientos sobre un supuesto trato preferencial relacionado con su ingreso, evaluaciones físicas y posteriores posibilidades de ascenso.

Se afirma que habría presumido haber obtenido una calificación perfecta en una prueba física pese a no haber realizado la carrera correspondiente y que incluso habría expresado que, de cualquier manera, terminaría ascendiendo.

¿Presunción? ¿Influencia? ¿O simplemente una versión que tendrá que ser desmentida o confirmada con documentos?

Eso deberán determinarlo las autoridades.

También se menciona una posible influencia familiar por parte de su madre, quien presuntamente trabajaría en Presidencia y tendría filiación política. Este punto, al igual que el resto de los señalamientos, deberá ser acreditado mediante una investigación formal.

Pero lo verdaderamente preocupante es otra cosa: según las versiones internas, más compañeras tendrían información sobre el comportamiento denunciado, pero no se animan a hablar.

Y cuando dentro de una corporación una mujer teme denunciar a un superior por las posibles consecuencias, el problema deja de ser exclusivamente personal y se convierte en un asunto institucional.

Ahora la pelota está en la cancha de Control Interno, Derechos Humanos y los mandos superiores.

Porque si las acusaciones son falsas, corresponde aclararlo.

Pero si existen mensajes, expedientes, testimonios o cualquier otra evidencia que respalde las denuncias, entonces la pregunta será mucho más incómoda:

¿Quién permitió que un presunto acosador siguiera teniendo poder sobre sus compañeras?

En una corporación donde se exige disciplina, honor y respeto, los galones no deberían estar por encima de la dignidad de nadie.

La denuncia está sobre la mesa. Ahora corresponde a las autoridades investigar, esclarecer y, en su caso, deslindar responsabilidades.

Porque el silencio puede esconder muchas cosas, pero una investigación seria termina poniendo cada pieza en su lugar.

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