La Ley de Herodes (o de Sofía) en el Ichisal

Para mandar en un sindicato de salud hasta el año 2030, no necesitó el voto libre de la gente; necesitó una financiera que exprimiera los bolsillos de los trabajadores y una funeraria que les venda el descanso eterno por adelantado.

Esa fue la fórmula mágica detrás del triunfo de la planilla de Sofía Calzadillas y Óscar Felipe Vázquez en el Sindicato Único de Trabajadores del Instituto Chihuahuense de la Salud el pasado 31 de julio.

El tablero electoral era amplio. En el camino se quedaron las planillas naranja, turquesa y amarilla. Sin embargo, la competencia fue un simple trámite decorativo. El verdadero trabajo sucio se hizo antes de llegar a las urnas.

La estrategia del miedo funcionó a la perfección: amenazas de quitar derechos y el amago constante de perder privilegios si el grupo en el poder no continuaba. El motivo de tanta insistencia es obvio: mantener el flujo de comisiones de los préstamos gubernamentales y el negocio forzado de los paquetes mortuorios.

Hoy, el ambiente entre los más de tres mil empleados sindicalizados es de total indignación. La molestia no es solo por el proceso amañado, sino por el descarado reparto de botines. Mientras la base trabajadora lidia con la presión laboral, los hijos de la dirigente ya gozan de plazas de jefes de división con sueldos quincenales superiores a los 25 mil pesos. Los lujos de la realeza sindical.

Lo más cínico del caso es la memoria selectiva de la dirigencia. Aunque los estatutos internos prohíben explícitamente la reelección de los puestos clave, el grupo actual aplicó un clásico del cine nacional: arrancar la página del reglamento que les estorbaba, así como la Ley de Herodes, en la que el protagonista le quita los artículos que le incomodan a la Constitución.

Así, el “charrismo sindical” sigue vivo, gozando de cabal salud y cobrando con cargo al futuro de los trabajadores.

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