Ankara se prepara para ser anfitrión de la cumbre de la OTAN con un amplio despliegue de seguridad. El nuevo complejo militar Ay Yıldız, conocido como el “Pentágono de Turquía”, ha sido acondicionado para la ocasión. Se ha prohibido la circulación de camiones y maquinaria pesada, así como las manifestaciones y concentraciones públicas.
Las autoridades también han retirado perros callejeros y alejado mendigos. Además, se han colocaron pantallas a lo largo de los recorridos previstos para las delegaciones extranjeras, con el objetivo de ocultar los sectores más pobres de la ciudad. Al mismo tiempo, numerosos académicos, abogados, políticos, activistas, docentes y jubilados detenidos por presuntos delitos de terrorismo permanecerán arrestados durante la cumbre, por lo que la capital vive un estado de excepción de facto.
Ankara busca ganar peso en la OTAN
La reunión de la OTAN, prevista para el 7 y 8 de julio de 2026, representa una oportunidad estratégica para Ankara. El Gobierno de Recep Tayyip Erdogan quiere consolidar su papel dentro de la alianza y demostrar que ya no es únicamente el guardián del flanco sudeste, sino un actor con capacidad para influir en las principales decisiones de seguridad.
En los últimos años, Turquía también ha intentado consolidarse como mediador en conflictos internacionales, desde la guerra en Ucrania hasta el conflicto con Irán. Con esa estrategia, busca proyectarse como un socio cuya importancia va más allá de su posición geográfica y cuya participación resulta indispensable para afrontar las principales crisis regionales.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, elogió recientemente el tamaño y la preparación de las Fuerzas Armadas turcas así como el rápido crecimiento de su industria de defensa.