‘Proyecto Fin del mundo’: una deslumbrante cinta de ciencia ficción que deja dudas

Proyecto Fin del Mundo es nostalgia de primera categoría. Y, en cierto modo, no augura tiempos especialmente alentadores para la cultura cinematográfica que tanto talento y esfuerzo se destine a hacer que una película moderna parezca estrenada en 1979. ¿Refuerza eso, de forma implícita, la idea de que el cine analógico pertenece al pasado? ¿O que ya no puede integrarse de forma orgánica en un estilo más contemporáneo?

Esa es una discusión para otro momento. Por ahora, estamos ante una película extraordinariamente encantadora. En ella, Ryan Gosling entabla amistad con un extraterrestre, y ambos dejan de lado las barreras culturales y lingüísticas para salvar sus respectivos planetas de una amenaza capaz de devorar soles. El resultado es una mezcla casi alquímica de grandes clásicos de la ciencia ficción, con claras influencias de Spielberg y Kubrick: familiar, pero sin sentirse agotada.

El personaje de Gosling viste un impermeable amarillo, diseñado por David Crossman y Glyn Dillon, tan distintivo y fácil de replicar como el chaleco acolchado naranja de Marty McFly. La ciencia se presenta en un nivel accesible, pero lo suficientemente ingenioso como para hacerte sentir listo por entenderla; algo similar a cuando Sam Neill explicaba los agujeros de gusano en La nave de la muerte (1997) al atravesar con un lápiz una hoja de papel doblada.

Los directores de Spider-Verse, Phil Lord y Christopher Miller, dirigen la película a partir de un guion de Drew Goddard, quien ya adaptó The Martian (2015) de la novela de Andy Weir. Proyecto Fin del Mundo es otra obra del autor, publicada en 2021, y comparte su mismo optimismo reconfortante: la idea de que la colaboración científica —entre países y hasta entre galaxias— puede salvarnos al final. Es, en esencia, cine escapista, ambientado en un mundo donde la esperanza todavía existe.

Gran parte del esfuerzo global se desarrolla en segundo plano, con una impasible Sandra Hüller —conocida por Anatomía de una caída y Zona de interés— como representante del establishment científico en la Tierra. La historia se centra en Ryland Grace, el personaje de Ryan Gosling, un hombre aparentemente común que despierta en una nave espacial, a años luz de su hogar, sin recordar quién es ni por qué está allí.

Lo importante es que Proyecto Fin del Mundo funciona, en gran medida, como una comedia de compañeros, en la que Gosling comparte protagonismo con un extraterrestre que, en su propia sociedad, parece ser el equivalente a Gosling. Aunque su Ken en Barbie (2023) probablemente será el papel más definitorio de su carrera, Ryland Grace comparte ese mismo espíritu: hace falta un actor con su carisma para interpretar con éxito a un personaje tan torpe y encantador en pantalla.

También es una película visualmente impecable, sin importar cuál de los 12 formatos en los que se promociona el público elija para verla —incluidos 70 mm, IMAX y 70 mm IMAX—, gracias a su cuidadosa combinación de escenarios prácticos y efectos visuales digitales. Su director de fotografía, Greig Fraser, conocido por Duna (2021) y Batman (2022), es uno de los mejores exponentes de un arte que parece desaparecer: la iluminación bella y dinámica en producciones de gran escala.

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