Lenin Nelson Rosales Córdova
En esta ocasión me quiero referir, con profundo dolor y respeto para las miles de familias que se encuentran en luto, sobre los escalofriantes hallazgos de las últimas semanas, situación que tiene a nuestro país en el ojo del huracán y que solo demuestra, con hechos lamentables, lo que todos los días las autoridades niegan, minimizan, y se lavan las manos, siempre echando culpas como si con eso se resolviera el problema de raíz.

No hay día que no aparezca en los medios de comunicación la terrible situación por la que atraviesa el pueblo mexicano, desde enfrentamientos, personas desaparecidas, masacres, extorciones, y donde no salga a la luz la inminente participación de funcionarios y de las corporaciones de seguridad.
Lo que está pasando no es algo nuevo, el tema de inseguridad viene de tiempo atrás, pero lo que realmente sorprende es que los grupos delictivos van ganando terreno todos los días. En septiembre del 2023 una caravana con hombres armados entró en un pueblo de Chiapas entre aplausos de los vecinos. En esa ocasión, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador minimizo el hecho y pidió a los medios de comunicación no hacer un escándalo de algo que no tenía importancia, a pesar de que las organizaciones de derechos humanos denunciaban una oleada de desapariciones y reclutamiento forzado.
El 22 de agosto de 2010 se presentó un evento que conmocionó a propios y extraños, la masacre de San Fernando, mejor conocida como “Masacre de Tamaulipas”, aunque en ese estado se han cometido otros asesinatos masivos. El crimen fue cometido por uno de los carteles de la entidad entre el 22 y 23 de agosto de 2010 en el ejido de El Huizachal, municipio tamaulipeco de San Fernando. Las víctimas fueron 72 migrantes de diversos orígenes, durante su tránsito por México con rumbo a los Estados Unidos, por ello este nefasto suceso también ha recibido el nombre de Masacre de los 72, y es uno más en la lista de crímenes no resueltos por el Estado mexicano.

No debemos olvidar también la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, Ayotzinapa, en septiembre de 2014, caso que hasta nuestros días sigue sin resolverse, a pesar de la promesa de que con la llegada de morena al poder este y muchos otros casos más iban a encontrar justicia.

A esta lista se suma el terrible hallazgo que fue denunciado por el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco en el Rancho Izaguirre, una finca localizada en una región agrícola de Teuchitlán, a una hora de Guadalajara. El grupo, que se dedica a buscar a personas que han desaparecido por la violencia en el país, denunció el pasado 8 de marzo que el lugar operó por un tiempo indeterminado como un “centro de reclutamiento y exterminio” a manos del crimen organizado.

La difusión de imágenes de cientos de zapatos, huesos calcinados, casquillos de bala y cartas de despedida en la finca en Teuchitlán, ha conmocionado a todo México y ante los cuestionamientos de los periodistas a la presidenta Claudia Sheinbaum sobre el tema, ella se limito a decir que no se hicieran especulaciones por una foto y que ya dejen en paz al expresidente AMLO. Claro está que le preocupa más el sentir de un hombre que juro luchar por el pueblo y no cumplió, que por el mismo pueblo que sufre todos los días.
¿Qué está pasando en México? ¿Qué están haciendo nuestras autoridades para parar el clima de violencia, secuestros, desapariciones y avance de las organizaciones del crimen organizado? ¿Por qué son los grupos de madres buscadoras las que hagan estos hallazgos y no la fiscalía o las corporaciones de investigación? ¿Qué se esconde detrás de todo?.

Los mexicanos fuimos testigos de un acto que a muchos indigno, mientras cientos de familias, con pala y pico en mano, recorrían cientos de predios, caminaban kilómetros y “peinaban” cada zona en busca de sus seres desaparecidos, el expresidente saludaba de mano a la mamá de Joaquín Guzmán Loera. ¿Qué mensaje le quería mandar el expresidente a todos los mexicanos?
Ahí están los resultados de la fallida estrategia de “abrazos no balazos”, de negar todos los días que en México se libra una batalla a muerte entre los grupos delictivos, de creer que el pueblo es feliz con su tarjeta donde cada mes les depositan una miseria para que se quede callado y no denuncien las atrocidades que viven todos los días en las calles.

Lo que se demuestra con la negativa de reconocer que se debe combatir este mal es la insensibilidad y la nula importancia que el gobierno le da a la seguridad del pueblo. Con el último hallazgo ¿El gobierno cambiará de estrategia? Esperemos que sí, esperemos que a todas las familias se les haga justicia y, de nuestra parte seguiremos denunciando y exigiendo respuestas y soluciones como lo hemos hecho desde hace cincuenta años.