La tensión crece en Enfermería
por lo bajo ya no se habla, se comenta abiertamente, se cuestiona, se reclama.
En la Universidad Autónoma de Chihuahua, específicamente en la Facultad de Enfermería, la inconformidad de los maestros de contrato dejó de ser un murmullo y comenzó a convertirse en presión directa.
Desde ayer —afirman los propios docentes— se intensificó el malestar, la razón es contundente: acumulan un mes sin recibir sueldo.
Un mes completo trabajando frente a grupo, cubriendo prácticas clínicas en hospitales, evaluando, planeando clases y sosteniendo la formación de los estudiantes… sin pago.
La mayoría del personal académico en esa facultad labora bajo contrato, son quienes cubren la mayor carga operativa, quienes están en aulas y campos clínicos todos los días. Y hoy son, también, quienes enfrentan la incertidumbre económica mientras la institución mantiene silencio.
En los grupos internos el ambiente se tornó más tenso desde ayer.
Hay mensajes que exigen claridad, otros que cuestionan la falta de información oficial. La preocupación no es menor: cuando el pago llegue —si llega en los próximos días— temen que los descuentos fiscales reduzcan considerablemente el monto acumulado. Es decir, tarde y mermado.
Lo que más indignó a varios fue que este mismo día se llevó a cabo una reunión para la elección de nuevos directivos.
A ella fueron convocados —con carácter obligatorio— los docentes de contrato. Asistieron. Cumplieron. Pero, según relatan, del adeudo salarial no se habló.
En ese contexto, señalan la ausencia de la directora, la doctora Mariana Vargas Beltrán, cuya postura pública no ha sido fijada hasta el momento, la falta de posicionamiento institucional alimenta la percepción de desinterés y profundiza el enojo.
La situación no es menor no se trata de una demora administrativa aislada, sino de la estabilidad económica de quienes sostienen una parte esencial del funcionamiento académico cuando la base contractual es mayoría, el impacto es estructural.
Por ahora, las clases continúan, los hospitales siguen recibiendo estudiantes acompañados por sus docentes, pero la paciencia, advierten algunos, comienza a agotarse.
Y cuando la inconformidad deja de ser privada y se vuelve colectiva, el conflicto deja de ser interno.