Chihuahua clama justicia: a un año del asesinato de Ismael Antonio Huerta Chávez


Con lágrimas que no han cesado y un vacío imposible de llenar, la familia de Ismael Antonio Huerta Chávez colgó pancartas afuera de su casa, justo en el lugar donde hace un año le arrebataron la vida.

No están solos: vecinos, amigos y ciudadanos se suman a su grito que resuena en toda la comunidad: ¡Justicia para Ismael!
En las pancartas, con letras que sangran de dolor, imploran a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, que no los abandone y que ponga fin a la cadena de omisiones, complicidades y negligencias que cubren este crimen con un manto de impunidad.

“¿Por qué pasa esto? ¿Por qué en vez de cuidar, destruyen?
¿Por qué encubren a los responsables?
¿Por qué la justicia en Chihuahua duele tanto?”, cuestiona la familia, que no encuentra respuestas.

Una vida que pudo salvarse
El 27 de agosto de 2024, Ismael fue atacado con disparos mientras mostraba un vehículo en venta frente a su domicilio.
Herido, agonizó durante más de una hora.

Una doctora que pasaba lo estabilizó, pero un oficial de investigación —en lugar de ayudar— impidió que lo trasladaran al hospital. Vecinos y su propio padre suplicaron llevarlo, pero se los negaron.

La ambulancia tardó más de sesenta minutos en llegar, mientras la vida de Ismael se apagaba lentamente, frente a la mirada impotente de su familia y bajo la pasividad de las autoridades.

Ese día no solo asesinaron a un joven: asesinaron la confianza en quienes deberían protegernos.
Impunidad que hiere
La familia denuncia que los presuntos sicarios fueron dejados en libertad por una jueza, y que agentes de investigación y policías municipales, lejos de cumplir con su deber, omitieron actuar.

“Queremos justicia, queremos respuestas. Díganos, señor Fiscal, ¿a quién protegen?
¿Por qué nos niegan la verdad?”, clama Tony, padre de Ismael.

Un grito que no callará
Hoy, la casa en Residencial Universidad se ha convertido en un altar de protesta. Pancartas con reclamos y dolor ondean en sus muros, como testigos de una tragedia que pudo evitarse.

No se trata solo de una familia: todos clamamos justicia. Todos nos preguntamos hasta cuándo la impunidad seguirá apagando vidas en silencio.

“Mi hijo agonizó una hora y nadie lo auxilió. No queremos más promesas vacías: queremos justicia”, concluye la familia Huerta Chávez.

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