Hospital Infantil: jornadas extenuantes y decisiones que ponen en riesgo vidas

En el Hospital Infantil persisten graves irregularidades laborales que afectan directamente a 509 trabajadores de contrato, personal que, al no contar con sindicato, se encuentra en una situación de evidente vulnerabilidad frente a decisiones arbitrarias de sus superiores.

De acuerdo con testimonios del propio personal, las supervisoras obligan de manera sistemática a doblar turnos, aun cuando la normativa laboral establece que no se pueden trabajar más de 12 horas continuas. Un ejemplo recurrente es el de enfermeros que cumplen su jornada nocturna —tal como lo marca su contrato— y que, por instrucción directa de sus jefas, son forzados a permanecer también en el turno matutino, acumulando hasta 20 horas continuas de trabajo.

La negativa a acatar estas órdenes tiene consecuencias inmediatas: retiro de contrato o castigos disfrazados de “descansos obligatorios”.

Actualmente, al menos ocho trabajadores se encuentran en esta situación por indicación directa de la jefatura de Enfermería, lo que ha generado inconformidad y temor entre el resto del personal.

Las condiciones descritas no solo representan una violación a los derechos laborales, sino un riesgo latente para la seguridad de los pacientes.

El personal exhausto trabaja con niñas y niños, lo que incrementa la posibilidad de errores y negligencias, situaciones que —según señalan los propios trabajadores— ya se han presentado anteriormente en el hospital.

Las jefaturas, lejos de prevenir estos escenarios, estarían poniendo en riesgo tanto a los pacientes como a los enfermeros, quienes se juegan su empleo, su cédula profesional e incluso su libertad ante una posible responsabilidad legal.

El personal señala que estas prácticas eran una instrucción directa de la exjefa de Enfermería, Rosi Fernández, y que la actual jefa, Selene Caro, fungía únicamente como un “títere” operativo de dichas decisiones.

Cabe destacar que Rosi Fernández se jubiló hace aproximadamente quince días; sin embargo, su salida no pasó desapercibida por la falta de respaldo del propio personal.

El día de su jubilación, se citó a la totalidad de los 509 enfermeros de contrato para despedirla. A la convocatoria acudieron únicamente entre 10 y 15 personas, un reflejo claro del descontento interno y del desgaste provocado por años de prácticas que hoy salen a la luz.

Mientras tanto, el problema de fondo persiste: si el hospital requiere más personal, la solución no puede seguir siendo exprimir a los mismos trabajadores hasta el límite.

La salud infantil no puede sostenerse sobre jornadas inhumanas, miedo laboral y decisiones que, tarde o temprano, pueden cobrar un costo irreparable.

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