En un giro que sacudió a la Corte de Illinois, Joaquín Guzmán López destapó la traición más cruda y silenciosa dentro del Cártel de Sinaloa.
El hijo de “El Chapo” narró cómo tendió una trampa mortal para entregar a Ismael “El Mayo” Zambada a manos externas.
Todo comenzó con una supuesta reunión privada en Sinaloa. Pero la sala donde se verían estaba modificada para una emboscada: Guzmán había mandado quitar una ventana completa de piso a techo para permitir la entrada de un grupo armado bajo su mando… sin que nadie sospechara.
Zambada llegó tranquilo.
Entró a la habitación “de confianza”.
Y en el siguiente segundo, la puerta se cerró de golpe.
El comando irrumpió. Esposas, bolsa en la cabeza, sometimiento brutal y extracción por la misma ventana por la que habían entrado. Todo en menos de un minuto.
Lo subieron a una camioneta y lo sacaron a toda velocidad.
Recorrieron entre 10 y 15 minutos hasta llegar a una pista clandestina, donde una avioneta pequeña ya esperaba con motores rugiendo para despegar sin registro.
Según la confesión, Guzmán amarró personalmente a “El Mayo” al asiento, y luego preparó una bebida con sedantes antes de volar rumbo a Nuevo México.
Y el último golpe en la Sala de la Corte fue la frase que encendió los reflectores:
“Lo hice para ganar cooperación con Estados Unidos… pero Estados Unidos jamás lo pidió.”
Con esa declaración, el caso judicial da un giro explosivo y deja al descubierto la fractura más agresiva dentro del Cártel de Sinaloa en décadas.
Guzmán López sigue enfrentando cargos federales por narcotráfico y crimen organizado, pero ahora su confesión lo coloca en el centro del terremoto criminal más grande en años.