“Armas para la foto, no para la ley”

Por el Escribiente

Chihuahua.-la Policía Municipal nadie sabe —o nadie quiere decir— quién fue el genio que ordenó que los cadetes del Instituto Superior de Seguridad (ISSCUU) marcharan con rifles de asalto en el desfile del Día de la Revolución. Pero lo que sí se sabe es que la ocurrencia desató carcajadas, corajes y vergüenza entre los mandos viejos, esos que por lo menos sí se saben la ley.

Porque hay que hablar claro: los muchachos no son policías todavía. Ni graduados, ni certificados, ni autorizados por SEDENA. Apenas tienen un mes en la academia, y sin embargo alguien decidió ponerles en las manos fusiles abastecidos, con cargador puesto, como si fueran operadores tácticos… en vez de estudiantes.

Y aquí viene lo más jugoso:
esas armas habían estado retiradas desde hace alrededor de seis años, guardadas bajo resguardo. Pero mágicamente reaparecieron el día del desfile para ser parte del espectáculo, no de la legalidad. Porque el uso de ese armamento está estrictamente controlado en el país, y ni civiles, ni aspirantes, ni cadetes pueden manipularlo sin certificación y sin porte individual aprobado.

Aun así, la orden fue clara: “Que marchen con los rifles”.
La pregunta incómoda —y que nadie contesta— es: ¿quién dio la instrucción y con qué autorización?

Porque una cosa es verse “militares” para la foto y otra muy distinta es asumir la responsabilidad jurídica que implica poner armas reales en manos inexpertas en un espacio público lleno de familias.
Y si algo llegaba a salir mal, si un arma se disparaba accidentalmente, si un error humano terminaba en tragedia, ¿quién iba a dar la cara?
¿O también ahí iban a decir que “nadie supo, nadie vio, nadie ordenó”?

Pero así funciona la simulación:
Cadetes sin porte marchan como si fueran comandos. Las cámaras felices. Las leyes ignoradas. El riesgo enorme.

El desfile terminó, la foto ya circula, y los rifles regresaron al almacén.
Todo volvió a la normalidad… menos la credibilidad de quienes permitieron el numerito.

Porque ese día quedó claro:
importó más presumir armas que respetar la ley.

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