Autor: “La Jefa”
El teléfono celular sonaba insistentemente desde un número desconocido. No pasaba un minuto cuando volvía a aparecer en la pantalla “número desconocido”.
“A, pero como rech…nnn”, dijo en voz alta el hombre, cansado ya de todo el día trabajar y a quien le había fastidiado el molesto ringgg ringggg. …. “Bueno” contesto en tono molesto y lo que escucho a continuación lo paralizo de inmediato.
“¡Tenemos a tus hijas y tienes que darnos dinero, si es que quieres volver a verlas con vida!”.
La voz grave, amenazante y de tono tipo chilango, además de lo que estaba asegurando, hizo que al padre de familia se le helara la sangre en cuestión de milésimas de segundo. Y, por si fuera poco, al mismo tiempo se escuchaban gritos y llantos de dos mujeres con un:
“¡Papáaaaaaaa, ayudanos. No me pegues… ay, ay… ayuda… papaaaaaaa no nos dejes aquiiii… tenemos miedoooooo nos quieren mataaaaaaarrr…!”
“Hijos de la ch…. suelten a mis hijas. Con ellas no se metan… ¡No las toquen! ¿Qué quieren? ¿Quién habla? ¡Contéstenme cabr…es!”
“Ya oíste perro. Tenemos a tus hijas y a ti junto con toda tu familia, los tenemos bien ubicados. Así que paga cabr… Con nosotros no se juega, sino vas a empezar a recibir pedacitos de tus hijas… papaaaaaaaa, papaaaaaaa, ayudanooooooooooosss… Ya sabes, en un rato más te diremos donde dejar el dinero y pobre de ti donde vayas de chismoso a la policía. Con ellas nos desquitamos”.
El hombre sintió que le faltaba el aire, la sangre le ardía del coraje y el corazón le latía a mil por hora de imaginar lo mal que la pudieran estar pasando sus hijas.
De inmediato empezó a llamarles al celular y…… “El teléfono que usted marco, no esta disponible o se encuentra fuera del área”.
Carajooooo, no podía hablar con ellas. ¿Sería cierto que estaban secuestradas? Y ¿si hablaba a la policía y empeoraba todo? ¿Qué podía hacer?
No pasaron ni tres minutos cuando le volvieron a hablar. “¡Ya viste que es cierto! Queremos tanto dinero y lo vas a dejar en una bolsa en el parque que esta cerca de tu casa. Lo pones a un lado de una caja que dejaremos a un lado del bote de basura. Desde ahí te estaremos cuidando y vas a ir solo. Apúrate perro que no estamos jugando…papaaaaaaa, papaaaaaaa”.
¿Qué hacer? El teléfono de las hijas seguía fuera de área y si la policía intervenía, podían hacerles daño a las hijas. Ese hombre casi se volvía loco, hasta que tomó la decisión más sabia. Comunicarse con las autoridades. Ellos de inmediato se dieron cuenta que era una extorsión y mientras lo calmaban, le dijeron que hacer.
Al cabo de unos minutos de tensión, las hijas fueron localizadas y pudo hablar con ellas: “Papá estamos bien. No te contestamos porque el lugar donde estamos como que falla la señal y a veces no entran las llamadas. Cálmate, no te vaya a pasar algo”.
“Gracias Dios miooooooo. Gracias porque mis hijas están bien. No saben como estaba preocupado y lo que sufrí de pensar que les pudiera pasar algo. Las amooooo. Cuídense mucho y no saben las ganas que tengo en este momento de abrazarlas… Gracias Dios mío. Gracias”.
Los estafadores no volvieron a comunicarse y la línea fue intervenida en espera de poder capturar a esos delincuentes que hacen de las mentiras y el dolor de las personas, su forma económica para subsistir.
Todos podemos ser presas de este tipo de personas a quienes no les importa que incluso las personas puedan perder la vida a causa de un infarto por el miedo de pensar en que su familiar sea secuestrado.
Si usted se encuentra en este tipo de situación y tratan de extorsionarlo, no caiga en las redes. Cuando reciba la llamada, no se desespere. Escuche con calma lo que le dicen y en cuanto cuelgue trate de llamar a sus seres queridos y de inmediato a las autoridades que en ellos encontrara el apoyo y la solución.
Recuerde el teléfono de emergencias es el 9-1-1 y de ahí lo canalizaran con expertos del tema.
¡¡Tenemos a tus hijas y las vamos a matar…!!