Por el Escribiente
En Ciudad Chihuahua, la realidad no solo supera la ficción… la humilla.
Aquí, la impunidad tiene más poder que la justicia y los criminales parecen tener pase VIP en la Fiscalía.
Hace unas semanas, un caso sacudió a la colonia Chihuahua 2000-94: dos sujetos fueron detenidos luego de descuartizar a su propio amigo y meterlo en una maleta que abandonaron a tan solo una cuadra del lugar del crimen.
Hasta ahí todo sonaba a trabajo cumplido… pero lo irónico vino después: los asesinos salieron libres a los dos días. Sí, así como lo lee.
La casa del horror fue asegurada por el grupo de homicidios de la FGE, pero los vecinos no salen de su asombro: aseguran que el mismísimo descuartizador regresó, rompió los sellos oficiales y sigue haciendo de las suyas.
Ya le llaman “la casa del terror”, donde el miedo y la burla a la autoridad conviven a diario.
Lo más triste —y curioso— es que desde la salida del comandante Veliz, aquel que mantenía mano firme en el grupo de homicidios, las cosas se vinieron abajo.
Ahora, con una nueva coordinadora que, según murmuran, llegó por “influencias” más que por méritos, la inteligencia del grupo parece haberse ido de vacaciones.
Así las ironías en Chihuahua: los muertos no descansan, los asesinos pasean, y la justicia… sigue sin encontrar el rumbo.
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“Tómame una como que no me doy cuenta”
Lo que alguna vez fue respeto y confianza dentro de las filas policiacas, hoy parece desmoronarse bajo la sombra del ego. Y es que cada vez son más las voces dentro de la tropa que señalan al subsecretario de Despliegue Operativo, Realivázquez, no por su estrategia, liderazgo o resultados… sino por su obsesión con las cámaras.
“Tómame una como que no me doy cuenta” se ha vuelto el nuevo mantra del funcionario, quien —según dicen los propios elementos— se toma fotos hasta en el baño. En lugar de estar al frente de los operativos o respaldando a su gente, prefiere posar para la galería.
Un caso reciente lo confirma: en el operativo en Ciudad Juárez ni siquiera se presentó a brindar apoyo, lo que para la tropa es básico, es sagrado. Pero eso sí, días después apareció muy campante en Moris, donde le “dejaron de regalo” más de una docena de camionetas aseguradas en una brecha, solo para que pudiera grabarse y tomarse la foto con el aseguramiento.
Antes, muchos lo admiraban, hoy lo tachan de “ególatra” y se preguntan si su trabajo es liderar operativos o alimentar su propio archivo de selfies.
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“Fotos no matan jale”
Mientras en otros municipios los reflectores y las selfies son el pan de cada día, en Aquiles Serdán las cosas se están haciendo al revés: menos pose y más trabajo.
La que verdaderamente está demostrando resultados es Teresa Eribes, presidenta municipal, quien sin tanto alarde ni flashes ha logrado transformar un municipio que tiempo atrás era “pueblo chico, infierno grande”.
Hoy en Aquiles Serdán se respira otra dinámica: eventos culturales, programas de apoyo comunitario, atención a sectores vulnerables y una clara intención de llevar al municipio hacia arriba, con paso firme y sin reflectores innecesarios.
Dicen que el que trabaja se nota… y el que no, también. Y en este caso, Teresa Eribes no necesita posar para demostrar que está jalando. Su gestión habla por sí sola.
Mientras otros presumen, ella cumple. Así de simple.
Porque al final del día, “fotos no matan jale”.