Chihuahua, Chih.- Han pasado diez años desde que siete trabajadores que instalaban antenas de comunicación para la Fiscalía del Estado fueron privados de la libertad en la comunidad de LeBarón, municipio de Galeana. Durante una década, el caso permaneció en el olvido institucional. Hoy, gracias a la insistencia de las familias, la Fiscalía ha decidido reabrir la investigación, encendiendo una esperanza renovada.
El caso “Las Antenas”: una desaparición colectiva
El 29 de agosto de 2015, los siete técnicos se encontraban alojados en un remolque que servía como vivienda temporal durante sus jornadas laborales. Habían terminado un trabajo en Flores Magón y fueron enviados a LeBarón para continuar con la instalación de otra antena de telecomunicaciones.
Durante la primera semana de labores, un comando armado irrumpió en el lugar y se los llevó por la fuerza. Desde entonces, no hubo más rastro de ellos. El hecho fue conocido como el caso de “Las Antenas”, y marcó a las familias con un dolor que aún no se apaga.
Una década de silencio e indiferencia
Tras el levantón, la investigación se abrió, pero pronto se estancó. Las búsquedas iniciales se enfocaron en Galeana, Casas Grandes y Buenaventura, sin éxito alguno. El expediente quedó guardado y durante diez años no hubo avances ni justicia.
Fue hasta que una de las madres de los desaparecidos insistió nuevamente en que se retomaran las pesquisas, que la Fiscalía aceptó abrir el caso con apoyo de las unidades especializadas en personas ausentes y acciones de búsqueda.
Un corredor marcado por la violencia
Hoy, las nuevas líneas de investigación apuntan hacia el tramo que va de LeBarón a Villa Ahumada, considerado uno de los corredores más peligrosos de la entidad. Organizaciones de derechos humanos y colectivos de búsqueda señalan que en esa franja se concentran decenas de desapariciones que permanecen sin resolver.
Este caso se suma a la larga lista de víctimas en Chihuahua, un estado golpeado por la violencia y la impunidad. Para las familias, la reapertura de la investigación es una luz de esperanza, aunque también un recordatorio de los años perdidos entre la indiferencia y la burocracia.
Voces que no se rinden
“Han pasado diez años y seguimos esperando. No queremos que ellos se conviertan en un número más. Queremos verdad, queremos justicia”, expresó la madre de uno de los desaparecidos durante una reunión con autoridades, en declaraciones recuperadas por colectivos de búsqueda.
Las familias saben que el camino es largo, pero confían en que esta vez las investigaciones realmente apunten a esclarecer lo ocurrido.
Una deuda pendiente
Diez años después, la pregunta sigue siendo la misma: ¿Dónde están?.
El caso de los siete trabajadores de LeBarón es hoy un símbolo de la deuda del Estado mexicano con las miles de familias que aún buscan a sus desaparecidos.


